Estoy ahí, en ese estado que pocos conocen...
06:43 a.m. No veo nada. Son sonidos sordos y vibrantes acompañados de una canción conocida los que me hacen caer en la cuenta de que llegó la hora de comenzar la jornada de un dia cualquiera.
Me desperezo y me incorporo algo, lo suficiente como para alcanzar el móvil y retrasar la alarma 9 minutos. Me acomodo nuevamente entre franelas y plumas, y, avivando el fuego que pone en marcha mi mente me dispongo a pensar qué tal sería mi día, pero no soy capaz de remediar lo que tantos adolescentes piensan nada más levantarse: "no quiero ir a la escuela, me dormiría por siempre...". Y es entonces cuando una lucecilla asoma por mis recuerdos y se detiene justamente delante de un fichero de experiencias nombrado con la letra "M" dentro de un desgastado cajón numéricamente denominado 2009.
En M encuentro la motivación necesaria para comenzar un nuevo día, más aún, un nuevo capítulo de mi vida.
Apenas puedo retener su imagen en mi cabeza cuando vuelvo a escucharla, esa canción que tantas tardes me ha acompañado, que cada vez que la escucho me transmite cosas diferentes y que Él me hace ver con otros ojos...
Inhalo una profunda bocanada del aire compacto y denso, valga la redundancia, que hay en mi habitación. Me incorporo lo suficiente como para alcanzar las zapatillas de Yeti de una sola patada, estoy cansada. Agotada por haber pasado otra noche sin sustancia, me levanto dando tumbos y tirando varios libros y cuadernos a mi alcance, entre ellos un cuaderno color ocre con detalles dorados y estampados verdes y rojizos descansa sobre mi tobillo derecho, es mi diario. Hace tiempo que no escribo en él, quizás sea por el ambiente de cotilleo que suele haber en mi familia ante el hecho de tener mínimamente algo que ocultar, por pequeño y personal que sea.
Recogiendolo y saboreando la magnífica cubierta que tanto me gusta palpar lo aprieto contra mi pecho, ahora frío y titiritante debido a las bajas temperaturas que tenemos e incrementado por mi pésima alimentación que hace que mi "calor" corporal sea apenas existente, y lo guardo cuidadosamente debajo de la cama con la pretensión de que nadie pueda encontrarlo allí.
Aún no he apagado la alarma, no me molesta y no quiero que cese. Me recuerda a Él, y me llena tanto...
07:37 a.m. No tengo hambre. Los sorbos de café se me hacen eternos. El sabor es amargo y no entiendo por qué. Ah, sí. El azúcar derramado sobre el pan llama la atención de mi hermano pequeño que con una sonrisa pilla me recuerda que aún es temprano para mí, para tener más fluidez de pensamiento y movimiento.
Los escalones anuncian a través de sombras patinado ágilmente por el mármol que mi padre está listo. Nos vamos en coche. Esa vieja chatarra que tantos viajes nos ha acompañado ahora se ve más desgastada aún, recordándonos a los más mayores que el tiempo no espera... que no se detiene...
Una vez en marcha, el ruido del motor me hace estar alerta. Cuando viajo en coche se agudizan mis sentidos, quizás tenga miedo... quizás la carretera me imponga...
En numerosas ocasiones aventuré mi muerte joven en sueños tan perfectos que al despertar jadeante me costaba clasificarlo en archivos distintos a la realidad. Y en tantas cocasiones tenté el pecado de comprobar si eso sería capaz, que ensimismada en mi pequeño mundo con un ojo allí y otro acá me aventuré a cruzar calles longitudinales sin pensar, nisiquiera mirar. Era tal mi suerte que ahora temo que pueda cambiar.
Bajo de la chatarra y me adentro en la masa de siempre que me arroya hasta llegar a la entrada del colegio. Apenas llevo cuatro meses y siento como si toda mi vida hubiese estado ahí, mientras los hechos tristemente anuncian que no es así... Pero no me importa, siempre supe que mi sitio no era aquel. Y ahora sé cual es.
08:00 a.m. Apostado en la pared. Siento como se clavan en mí ojos mentirosos cuales katanas japonesas que rozan la córnea de los mios calandose hasta aquel momento que tantas veces imaginé que evité.
Solo una mirada basta para hacerme revivir aquella noche que él misteriosamente no recuerda...
Sus ojos son grandes y color miel, perfectamente simétricos uno al otro, pero tan amargos como su mirada, como sus manos, su tacto, su boca, su sabor... su olor... Maldito frenesí. Siento como me persiguen durante todo el trayecto hasta llegar a mi aula. En mi cabeza se adelanta una voz melódica que ansío escuchar... Y entonces aparece... Es esa voz que calma mi agonía y calla el barullo de voces, permitiendo así que mis oídos se posen en sus labios para sentirlo más cerca. Él y sólo Él apacigua mi enredo de ácidas sensaciones vividas y acumuladas hasta el momento de ver fluir por su boca un simple "Buenos días".
09:00 a.m. Apenas llevo una hora de clase y ya me siento como si hubiese estado seis horas trabajando.
Ando jugueteando con el bolígrafo cuando por el rabillo del ojo capto mi mismo movimiento. Está jugando. Aparento estar distraída, con otra cosa que no es Él, y despacio simulo que busco algo en mi maleta, esa mochila sucia y gastada con los años que le queda bastante poco para jubilarse pero que es útil por el simple hecho de tener algo con lo que cubrirme la espalda. Me siento segura llevandola, como cuando un niño pequeño que duerme con su madre roza con sus pequeños pies la pierna de ésta para cerciorarse de que sigue ahí con él, que no le abandona.
Al levantar la cabeza poso mi mirada sobre sus botines, y despacio voy recorriendo su figura delitandome de cada rincón de su cuerpo y deteniendome en cada nuevo detalle que no capté el momento anterior. Me detengo en su barbilla y dejo que mis ojos imaginen que mis labios bailan al rededor de sus comisuras carnosas que invitan a un beso jamás probado... hasta llegar a su melena, esa mata mañanera de pelo negro descuidada que tan simpática me resulta. Le queda bien.
Justo cuando termino su examen, aprobado por cierto y con nota alta, vuelvo a mi postura original y con cuidado de no atraer demasiadas miradas comienzo a dibujarlo. No soy capaz de plasmarlo tal cual. El original jamás superará a su dibujo. Cada trazo real de su silueta es único.
Con ésto consigo captar su atención. Siento cómo me mira con curiosidad. Es entonces cuando cierro los ojos y aventuro un reproche inocente:
- Pisssst, pisssst. No te distraigas... - Su voz suena tan dulce y cálida diga lo que diga que haría mil estupideces con tal de escucharla...
Con una media sonrisa casi forzada para que no se haga tan grande como quisiera le digo:
- Y tu, ¿Qué? - Tiene que admitirme que Él tambíen se halla en otro lugar fuera de esta clase, donde los libros están en blanco para poder escribir lo que se quiera, donde las sillas son montañas de hojas secas y mullidas, y donde, por supuesto solo se encuentra Él, sin otra compañía que consigo mismo...
No hallo respuesta alguna, simplemente me dedica esa sonrisa que ilumina mi día por negro que fuera.
09:36 a.m. Queda poco menos de veinte minutos para acabar la clase y ya no puedo más. Apenas veo las letras de los apuntes que nos dió el profesor. Estoy mareada, algo aturdida, también. Empiezo a no ser capaz de prestar el mínimo de atención que puedo dar a la clase de Historia.
Suena la campana. Salvada. Esquivando libros y avionetas de papel consigo atravesar el aula y con algo ronca la voz alcanzo a pedirle el pase de salida al profesor. Me pitan los oídos, siento que algo se avecina. Incluso el contacto de la pluma en el papel me molesta, nunca me había sonado tan chirriante una simple firma.
Alcanzo a verle desde cualquier perspectiva. Es tan distinguible tanto de frente como de espaldas. Me acerco sin descolocar su conversación y esperando el momento oportuno un impulso irrevocable de abrazarle me invade, y retrocediendo un paso atrás consigo frenarme. Me duele el pecho...
Del retroceso muevo la mesa, he interrumpido su conversación. Al girarse descubro su expresión. Dirige su atención a mis manos y luego a mi cara. Le auncio que me marcho y haciendose el que no le importa nada me despide sosamente. No le juzgo. En cualquier momento revivo cada beso, mirada y caricia de despedida que me dedica cuando siente que nadie nos ve, ni nos oye... Aveces es tan tonto...
10:13 a.m. La niebla apenas me deja ver más allá de cinco metros delante mía. Tan espesa y húmeda hace que el frío se cale hasta el último de mis huesos, pero me encanta. Esperando el semáforo respiro sosiego, el aire penetra en mis pulmones y provoca que me estremezca al notar como mi piel se eriza y el vello de mis brazos roza el abrigo hasta doler. Adelanto un pie vacilante, y luego el otro. No alcanzo a ver...
Quizás sea el aire fresco lo que pone de nuevo mi cerebro en marcha y, al hacerlo, noto cómo se me congela toda la zona nerviosa provocandome así un punzante dolor de cabeza que arrastro hasta llegar a mi casa.
Sigo andando y el pitido de los oídos cesa. Delante mía se alza un autobús lleno de gente. No alcanzo a distinguir sus rostros, no les pongo cara, solo sus posturas me insinuan una calmada mañana de Diciembre que espera ansiosa un giro que la haga más interesante. Conforme avanza me clavo en sus ventanas, no soy capaz de ver mi reflejo. No me extraña. Hace mucho que dejé de hacerlo. El autobús avanza y deja tras su paso una suave brisa que apenas mueve los volantes de mi falda.
Sigo callando, sólo hablo con mi mente ausente, ¿Qué le pasa?, siente que algo se avecina pero no es capaz de reconocer qué es.
La acera se ve tan larga y distante que mis pies ralentizan mi marcha permitiendome así calmar mi respiración entrecortada por el frío. Me quema la garganta.
Voy volando charcos enfangados asomandome por los costados esperando distinguir mi silueta de una hoja, una piedrecilla o un simple cigarro. Nada. A mi mente vienen escenas de películas en las que vampiros son incapaces de reflejar su alma. Estan muertos por dentro, pero su cuerpo recuerda al mundo que hay algo de ellos que sigue vivo esperando salir y retomar su cauce por la vida. Esto me hace cuestionarme, ¿Dónde quedó mi alma, que viene y va cuando y como le apetece...?.
Mi alma quedó alli, grabada en aquella tarde de Octubre, donde tras una mirada cómplice tomó mi mano y llevandome hasta el clímax de mi felicidad bailamos bajo una lluvia de momentos pasados y por pasar. Entre risas y llantos mi alma quedó así atrapada, en esa gota que no se distinguió de una de mis lágrimas, y que callendo juntas al vacío de una amistad sin fin, hoy me muero por revivir.
Sigo recordando...
13:40 p.m. de otro día cualquiera. Ando de aquí para allá intentando buscarme. Son sólo villancicos los que me acompañan esta mañana. Entre exámenes y otras cuestiones que ocupan mi mente sigue estando ahí, en su fichero, incitandome a llamarle. No lo haré. Tiempo al tiempo... Y ahora es hora de comer.
Apenas he podido concentrarme en mis tareas. Cada palabra, cada imagen, todo me recuerda que hace una semana que no lo veo. Quiero estar con él. Quiero verle. Verle de esa forma que Él y yo sabemos...
.- ¿Qué haces hoy? - Me sorprendió su pregunta... Desinteresada aparentemente pero llena de dudas. Esta buscando algo...
.- No sé, ¿Por qué?
.- Nada... Quería verte... - Sus palabras... Se calan en mi pecho y quedan grabadas. Me llenan. Me llena.
.- Me estas viendo ahora...
.- No este ver... Quiero estar contigo, de otra forma... - Morí de ganas de resumir en un susurro.. "Yo también..."
Recordando esa frase me pierdo en la alfombra del salón...
4 42. Áspera. Así debería sentir la vieja alfombra bajo mis pies desnudos. Sinembargo no siento nada... Ando sumida en frasquito de cristal repleto de mariposas que quieren salir. Distraída como siempre vuelvo a tener esa sensación... Algo se avecina... ¿Qué diablos es?, ¿Por qué no sale a la luz ya?.
[.,.,. .,.,. Ring .,.,. .,.,.]
.- Chiqui, es para tí.
...
.- ¿Diga?
.- Sólo escucha... No suena muy bien, pero algo es algo. - Su voz llena de misterio enciende la llama de mi esperanza.
¿Qué está pasando?...
No puedo creerlo...
[... ... ...(Ese sonído)... ... ... ...]
...¡Sí!
04:42. a.m. Sigo despierta. En mis oídos sigue sonando su canción. Perfecta armonía, perfecto compás, perfecto minuto veintidos que esta noche no hace más que repetirse una y otra vez. Puedo verle, está conmigo. Lo siento tan cerca...
No puedo dormir. No quiero. Quiero seguir reproduciendola en mi mente. Le mantiene presente. Perfecto compás que no se detiene...
Al colgar el teléfono mis manos temblaban. Aquella canción había dado respuesta a mi pregunta. ¿Qué es?, ¿Qué se avecina?. Es Él... Sólo Él...
Cada día más cerca.
Tiempo al tiempo... Perfecto compás. Sigo rogando que no se detenga...
No hay comentarios:
Publicar un comentario