Cause everything is never as it seems... ♪.. ♫

14.6.11

Wildest dreams.

Cansado, estaba cansado. ¿O cansada? Ya no sabía si era masculina o femenino. El coraje y la fragilidad de una mujer frente a la fuerza y simplicidad de un hombre. Fuera como fuese estaba cansado de esto que dicen rutina y aquello que llaman destino.
¿Cúando decidió el hombre cambiar la caza, la piedra y el fuego para convertirse en ciudadano del mundo con sus idas y venidas en taxi, bus, metro... sus corbatas y meetines, sus tacones, minifaldas y compromisos sociales? ¿Cúando cambió la belleza de la naturaleza por la belleza de revista? ¿Cúando empezó a preocuparse por complicaciones que él mismo creó?

Al fin encontró un lugar tranquilo donde evadirse un rato del nuevo mundo. Ese que, en su opinión, le venía a veces demasiado grande.
Todos tenemos un paraíso personal donde escaparnos y dejar nuestra mente vacía de complicaciones por, almenos, un rato. Ese sitio al que llamo Wonderland. Y menos mal que es particular, si fuera de todos se convertiría en una fiesta hippie.


Cuando descansó la mente y la vista sobre aquel estanque, con agua, pero sin peces, decidió tumbarse en la hierba fresca de las ocho de la tarde, y al fin pudo escribir.

"Si pudiera encontrarme con el yo del pasado y el yo del futuro le contaría a uno qué tal me fue y le preguntaría al otro qué tal me ha ido, no serviría de nada, pero me divertiría un rato."

¿Realmente le preocupaba el tiempo o el destino cuando los tenía en su poder en el mismisimo presente? Le encantaba enrevesarse y llegar a laberintos sin salida ni sentido, o almenos no para él mismo. Era su forma de analizar cada paso que daba. Pero no recorrió todo el parque hasta encontrar su sitio solo para eso; quería sumirse en la tranquilidad y el silencio que aportaban estanque, hilera de árboles, sombra de los más altos, y frescor a tarde de verano. Necesitaba sentirse libre y limpio de estándares de la sociedad.

Un impulso recorrió su cuerpo, de repente no era humano, se sentía salvaje, en armonía con la naturaleza y fuera de cadenas obsoletas. Corrió y corrió. Primero descalzo, luego desnudo hasta llegar al estanque. Al mirar su reflejo ya no era él, sino ella. Frágil y fuerte, sensible y salvaje. Se sumergió. Primero hasta las rodillas, luego hasta el pecho.

Su ansía de romper con rutina y destino la convirtió en piedra. Frágil y fuerte, sensible y salvaje. Pasado, presente y futuro de una sociedad que, ojalá, admire ahora en ella belleza en todos los sentidos.

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