¿Cómo se esboza un dibujo que no tienes en mente y que ni siquiera es posible que exista?
Perdida entre líneas...
Alzo el carboncillo y voy simulando mi suerte. Aparecen numerosas figuras que se confunden con el blanco del lienzo. Son finas, y cambiantes. Apenas alcanzo a seguirlas para terminar el bosquejo. Trazo, borro y reborro, y retrazo. Solo distingo un bucle de ideas negras que me manchan las manos.
Mi perdición en acuarelas...
El pincel está mojado. No sé por dónde empezar a cubrir esas grietas carbonizadas, pero algo detrás mío me coge del brazo y con una mano en la cintura y otra en las manos me guía hacia la grieta más pequeña. Fantástico, pude con ella.
Bajo mis dedos, tacto rugoso que me incita a más. El pincel se me quedó pequeño. Ya no lo necesito para acuartelar mi pensamiento, con mis manos abarcaré más.
Me emociono, me excito, me sublimo, me lanzo. Desato la furia que siempre guardé y nunca saqué. Corro, salto... Caigo. Rompo el cuadro... Desgarro. Lloro, grito. Ahogo...
Vuelvo... Sigo de pie, con el carboncillo en las manos. El lienzo sigue vacío. Mis manos siguen negras...
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